En La Florida, cada vez que una inmobiliaria proyecta un subterráneo de tres o cuatro niveles, nos topamos con el mismo patrón: el suelo promete firmeza en superficie pero a los seis metros empieza a mostrar su verdadera cara. La grava arenosa de la cuenca de Santiago, combinada con bolsones de finos que migraron del estero San Ramón, genera perfiles muy heterogéneos. Esto obliga a un diseño geotécnico de excavaciones profundas que no se puede resolver con un simple ábaco de empujes. Nosotros hemos trabajado en la zona entre Vicuña Mackenna y Santa Amalia, donde la napa aparece a veces a solo cuatro metros, y sabemos que el control de las deformaciones en la entibación define si la obra avanza o se detiene con una emergencia. Antes de llegar a la fase de entibación, una campaña de ensayos CPT permite mapear la variabilidad vertical sin perder detalle en las transiciones de estrato, algo que el golpeo SPT a veces enmascara en estos suelos con cantos rodados dispersos.
En La Florida, modelar la excavación sin considerar la rigidez a pequeña deformación de la grava del Maipo implica subestimar los asentamientos en un 15 a 25%.
