El inclinómetro se instala vertical en el perímetro de la excavación, dentro de un tubo ranurado que atraviesa los estratos más inestables. En La Florida, con formaciones de grava arenosa densa intercalada con lentes de limo fino, la lectura diaria de este instrumento detecta desplazamientos laterales antes de que se manifiesten en superficie. El piezómetro de hilo vibrátil, por su parte, mide presiones de poro en tiempo real; una subida brusca de la napa colgante, frecuente en sectores como Vicuña Mackenna Poniente tras riegos prolongados o lluvias intensas, puede reducir la resistencia al corte del suelo en cuestión de horas. Estos datos se contrastan con hitos topográficos para verificar asentamientos. Cuando la excavación supera los 4 metros, la estabilidad de taludes se evalúa en paralelo, y si se detectan anomalías se cruza con un ensayo CPT para recalibrar el perfil de resistencia en el frente de avance.
La velocidad de deformación en las paredes de una excavación en grava arenosa es más crítica que la magnitud absoluta del desplazamiento.
